diplomado periodismo de investigación

El aliento de la mina mata

El cementerio minero, donde yacen muchas víctimas de la silicosis

El aliento de la mina mata

 

Juan Carlos Enriquez Sanabria

En la mina de Siglo XX, Norte Potosí, muchos callejones de ingreso están “ahogados” con carga o roca. A esto se suma poca ventilación en los parajes y condiciones de trabajo cada vez peores los que en conjunto aceleran la silicosis, el mal de mina, que incapacita pulmones y deja sin aire a decenas de mineros que se ven condenados a dejar de trabajar y, si no inician tratamiento médico y cuidan su salud, a una muerte lenta. Son las viudas de mineros que han acumulado conocimiento sobre esta enfermedad que para ellas está claro, el dolor incapacitante y la muerte a la larga de sus compañeros de vida puede sobrevenir con el consumo de alcohol y la mala alimentación.

Una radiografía de la silicosis

“La mayoría tiene silicosis en etapa intermedia, es decir avanzada”, aclara el director de la Unidad de Seguridad Laboral en la Caja Nacional de Salud, Boris Inca, al ser preguntado sobre la situación de la enfermedad en los lugares donde realizan el catastro pulmonar de los trabajadores.

La etapa inicial no avisa, no hay síntomas. El cansancio, la agitación, la tos de cuando en cuando y a veces la falta de apetito llegan cuando el “mal de mina” ya está avanzado.

Generalmente la silicosis ataca a los trabajadores que ya llevan entre 20 y 25 años en la mina, aunque el neumólogo de la Caja Nacional de Salud en el norte Potosí Oswaldo López asegura: “puedo decir que ahora muchos mineros enferman de silicosis antes de los 15 años, a veces antes de los 10 años”.

El grupo de mineros más afectado con silicosis es el que tiene entre 40 y 49 años (31,25% de los casos). “Los trabajadores mineros, a los cuales se les realizó una historia clínica completa, fueron en su mayoría perforistas”, se lee en la investigación Incidencia de silicosis en trabajadores mineros de la Cooperativa Siglo XX, realizada en 2005.

En el cementerio de Llallagua

Y el reporte del cementerio del municipio de Llallagua donde está asentada la mina de Siglo XX corrobora esos datos: “Entre mayo del 2015 y octubre del 2017, es decir en 2 años y 6 meses, unas 537 personas fueron enterradas en este lugar. De ellas 33, más del 6% de los 537, fueron a parar al cementerio atacados por la silicosis pulmonar o mal de mina, afectados por la acumulación de años y años de polvo y sílice en los pulmones, quitando toda posibilidad de elasticidad a este órgano e inhabilitándolo como principal receptor y distribuidor de oxígeno en el cuerpo humano. Casi una mitad, 15 de ellos, fallecieron a los 30, 40 y 50 años”.

Aunque también hay fallecidos por silicosis de 60, 70 y 80 años.

El mal de mina

Inca da detalles de la enfermedad. “La acumulación de polvo (una mezcla de sílice y oxígeno) en los poros o alveolos del pulmón (…) principalmente en perforistas de la mina, provoca que este órgano se vuelva duro, se fibrose, pierda su elasticidad y la capacidad de acumular y expandir el oxígeno en el cuerpo”.

Uno de los afectados es David, cuyos pulmones necesitan dilatadores para aguantar el trabajo en la mina.

En el pijchadero, o lugar de descanso para masticar coca, en el nivel 81 de la mina de Siglo XX está el minero de 47 años, de la cooperativa Siglo XX. Hace unos tres años le diagnosticaron silicosis crónica y debe tomar diariamente broncodilatadores para abrir sus pulmones, atrapar el aire y repartirlo en el cuerpo.

“Cuando hago esfuerzo en subida me agito, me falta oxígeno, me da tos, tos fuerte me da” dice mientras chupa el jugo verde de la coca en su momento de descanso. Son las ocho de la mañana, ingresó al trabajo a las siete y saldrá a las tres de la tarde.

“Todavía no he botado sangre, pero ya me voy a jubilar, ahora mayormente estoy comiendo sopita nomás” dice David, quien trabaja desde hace 27 años en la mina.

Arrastrarse en la mina de Siglo XX es rutina de cada día

La mina de Siglo XX se levanta desde los 650 metros hasta los 4.100 metros sobre el nivel del mar. Roberto Querejazú en su libro Llallagua, La montaña relata que este cerro de casiterita y vetas potentes de estaño fue descubierto por las poblaciones indígenas, luego explorado por los españoles y explotado por los chilenos al finalizar la Guerra del Pacífico.

Cuando la empresa estatal Comibol cerró sus puertas, en 1985, las vetas de la mina de Siglo XX fueron entregadas a los trabajadores mineros. Los nuevos obreros dejaron de usar tecnología adecuada y casi retornaron a la minería artesanal.

La carga o desecho dejó de salir de interior mina, se quedó allá, como relatan Gregorio Taquichiri, un trabajador de más de 60 años que debe arrastrarse para llegar a su paraje y arañar el estaño.

Malas condiciones

Las malas condiciones de trabajo de la mina de Siglo XX son descritas por el exdirigente de este yacimiento Jesús Aldunate.

Señala que aplicaron el rescate y el salvavidas para desahogar la mina con el programa de Empleo Minero (Empleomin); sin embargo, la falta de mayor apoyo técnico y la necesidad de mayor inversión para continuar desahogando el yacimiento siguió con el deterioro de la mina de Siglo XX donde trabajan entre uno 3.500 mineros organizados en las cooperativas Siglo XX, Dolores, El Carmen, 20 de Octubre.

Y es por este motivo que Freddy, un minero de 53 años señala que se va a jubilar y testimonia que él se “saca la mierda rompiendo peña todos los días” y es él quien describe bien el aliento de la mina que puede matar

En este lugar no sobreviven mosquitos, arañas, gusanos, murciélagos y ninguna forma de vida, ahí adentro, desde el nivel 650 sobre el nivel del mar el piso del yacimiento hasta los 4.100 metros, el pico de la mina, allí sólo reina el minero y el tío de la mina un ser mítico dueño de la riqueza estañifera.

El dirigente regional Jesús Aldunate asegura que por falta de 4 millones de bolivianos no pueden ejecutar otro proyecto para desahogar la mina y convertirla en un yacimiento seguro para la vida humana.

Juan Vargas, exdirigente minero y exdirector laboral en el ministerio de trabajo señala que hoy la mina requerirá de una mayor inversión para desahogarse y limpiarse, pero no tienen ese dinero…Entre tanto el aliento de la mina sigue con su paso de muerte.

 


Viudas del estaño, viudas de la silicosis

“Para qué voy a negar, tomaba, a veces seguido y no quería comer” dice Martina de 67 años recordando a Casiano su esposo, perforista en la mina, a quien conoció justamente en los alrededores del yacimiento de Siglo XX.

Ella trabaja de palliri, recogiendo mineral en exterior mina de la cooperativa 20 de octubre. “tomaba mucho y no quería comer bien, era perforista y chupaba mucho, por ahí le ha entrado silicosis a sus pulmones” dice esta mamá de 10 hijos.

“Le dolía sus pulmones” dice recordando a su compañero, “no podía levantar mineral, la cabeza le duele” remata su testimonio. Ella lava ropa y atendió la alimentación de sus hijos con ese oficio.

Margarita, de casi 60 años, de la cooperativa siglo xx, trabaja 27 como palliri. Esa es la cantidad de años que su compañero Juan Mario la dejó derrotado por el mal de mina o silicosis.

“Tomaba algunas veces y se ha enfermado de silicosis, pero como los médicos no le hacían nada de su enfermedad, hemos ido al privado” cuenta la historia familiar y señala que el médico particular pronosticó menos de un año de vida. “Mi esposo estaba flaquito, piel y hueso nomasya” recuerda.

 


 

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