{"id":141,"date":"2018-11-29T17:46:42","date_gmt":"2018-11-29T17:46:42","guid":{"rendered":"https:\/\/fundacionperiodismo.org\/conciencia-ciudadana-contra-la-violencia-a-la-mujer\/?p=141"},"modified":"2018-11-29T18:37:36","modified_gmt":"2018-11-29T18:37:36","slug":"el-canto-del-guajojo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fundacionperiodismo.org\/conciencia-ciudadana-contra-la-violencia-a-la-mujer\/el-canto-del-guajojo\/","title":{"rendered":"El Canto del Guajoj\u00f3"},"content":{"rendered":"<div style=\"display: none;\"><\/div>\n<h4>En memorial de las v\u00edctimas invisibles que no sobrevivieron a los amores que matan. En homenaje a aquellos seres que viven luchando por no llevar las marcas de la violencia en su alma.<\/h4>\n<h1 style=\"text-align: center;\">El Canto Del Guajoj\u00f3<\/h1>\n<p style=\"text-align: right;\">Claudia Leslie Aguilar<\/p>\n<p>En un pueblo perdido de la Amazon\u00eda beniana, entre la selva y los montes bolivianos, emerge una historia que no quiere morir olvidada; ella cobra vida a trav\u00e9s del tiempo. Surge con fuerza desde los r\u00edos y gime para no confundirse y perderse en el pantanoso y oscuro mundo del pasado, es decir, emerge de entre las alas grises del guajoj\u00f3, ave extra\u00f1a y misteriosa que conoci\u00f3 a Carlitos, un ni\u00f1o moreno y t\u00edmido que, a sus cuatro a\u00f1os, viv\u00eda a orillas de una peque\u00f1a comunidad cercana a la Loma Su\u00e1rez; pero distante de Sant\u00edsima Trinidad.<br \/>\nEl ni\u00f1o ve\u00eda las constantes peleas conyugales entre sus padres, a causa de los celos enfermizos de su progenitor.<br \/>\n\u2014Puta, \u00a1ten\u00e9s que cumplir conmigo! \u2014increpaba Pedro, al llegar borracho y encontrar a su joven esposa, quien solo pod\u00eda llorar, desconsolada, porque \u00e9l la obligaba a ceder en sus deberes \u00edntimos, cuando se supon\u00eda que todos dorm\u00edan.<\/p>\n<p>Y as\u00ed transcurr\u00eda la vida de Mar\u00eda Eugenia, entre malos tratos, celos injustos y chismes de las vecinas que ve\u00edan en Pedro, su esposo, a un hombre trabajador y fuerte, quien \u201ccumpl\u00eda muy bien\u201d con sus deberes de proveedor: lo ve\u00edan como un padre sacrificado que sembraba, pescaba y cazaba para no hacer faltar el sustento diario de la familia y, a fin de que su esposa no pasase privaciones, \u00e9l trabajaba duro, sal\u00eda en su canoa hasta la poblaci\u00f3n m\u00e1s cercana y se encargaba de llevar todos los v\u00edveres y, con todo este traj\u00edn, obviamente nada faltaba en su Pahuichi , que se ubicaba a orillas del r\u00edo.<\/p>\n<p>El problema estaba en que las vecinas llevaban y tra\u00edan, constantemente, chismes al esposo celoso. Era imposible evitarlos. La envidia, por ejemplo, corro\u00eda las entra\u00f1as de Lucy, quien hab\u00eda jurado separar a la joven pareja, para quedarse con Pedro. Los comentarios aumentaban con el paso del tiempo: que si la hab\u00edan visto conversando demasiado con alg\u00fan joven vecino, riendo de forma extra\u00f1a, que si sal\u00eda o entraba apresurada de su Pahuichi, como si fuera en busca de alguien, etc.; hasta evitar conversar con alguien era motivo de pelea.<br \/>\n\u2014\u00bfPor qu\u00e9 evitaste saludar a Juan? \u00bfQu\u00e9 escondes, puta? \u00bfAcaso quer\u00e9s que no se sepa que son amantes? \u2014reclamaba el iracundo hombre, presa de los celos y los malintencionados chismes, cada vez que retornaba a la casa, borracho, para pedir perd\u00f3n al d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>Mar\u00eda Eugenia sufr\u00eda en silencio. Cuidaba de sus dos hijos: Carlitos, de cuatros a\u00f1os y Pedrito, quien con sus pocos meses de vida tambi\u00e9n comprend\u00eda su suplicio, de alguna forma, porque no lloraba mucho, para no hacer ruido y \u201clastimar\u201d a su madre.<\/p>\n<p>Cansada de tanta humillaci\u00f3n, la joven esposa tom\u00f3 la decisi\u00f3n de huir a casa de unos familiares en la ciudad de Santa Cruz y escribi\u00f3 una carta de despedida para Pedro, la que, al poco rato, rompi\u00f3 en mil pedazos despu\u00e9s de arrepentirse, y tir\u00f3 los pedacitos en el patio, detr\u00e1s de la casa.<\/p>\n<p>Loco de celos, como si alguien le hubiese contado lo ocurrido, Pedro entr\u00f3 esa tarde de pescar y arroj\u00e1ndole los diminutos pedazos de papel en la cara, le grit\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Puta, ya s\u00e9 que quer\u00e9s abandonarme. He le\u00eddo tu carta, si me abandon\u00e1s voy a matarte. Si no eres m\u00eda, no ser\u00e1s de nadie. Ent\u00e9ndelo bien, de nadie. Voy a matarte\u2026 Lo juro.<\/p>\n<p>No pasaba d\u00eda que Pedro llegara ebrio, y las amenazas de muerte se acentuaban. Sus palabras y sus ofensas torturaban. Dentellaba el alma de la joven y delgada Mar\u00eda Eugenia, que era tan sencilla y suave como pod\u00eda ser alguna mujer en su situaci\u00f3n. Todos en el lugar la conoc\u00edan como \u201cla muchacha de los ojos tristes\u201d, seguramente porque sus ojos dec\u00edan lo que sus labios no pod\u00edan expresar.<\/p>\n<p>Carlitos lloraba en silencio, haci\u00e9ndose el dormido a veces, haciendo ruido otras, para salvar a su madre de aquel tormento. Su padre sol\u00eda detenerse cuando el peque\u00f1o daba se\u00f1ales de actividad cercana.<\/p>\n<p>\u2014Para por favor, el ni\u00f1o est\u00e1 despierto, est\u00e1 yendo a hacer chibi \u2014 suplicaba la madre, y el padre se deten\u00eda, mientras el ni\u00f1o bajaba de la cama a orinar.<\/p>\n<p>La carta destrozada hab\u00eda sido el detonante para un maltrato creciente, que ya se acercaba a la violencia f\u00edsica; tanto as\u00ed, que la madre de Mar\u00eda Eugenia visitaba a su hija constantemente para protegerla. Las amenazas de muerte eran preocupantes.<\/p>\n<p>Hac\u00eda una semana que Do\u00f1a Asensia viv\u00eda en el Pahuichi, ayudando a cuidar a sus nietos; pero su verdadera intenci\u00f3n era la de acompa\u00f1ar a su hija. Deb\u00eda velar que no le pase nada malo.<\/p>\n<p>Aquella tarde de enero, las aguas turbias del r\u00edo estaban quietas. El sol anaranjado se mov\u00eda lento y bajaba su intensidad poco a poco.<\/p>\n<p>Rosendo, hermano de Mar\u00eda Eugenia, que viv\u00eda al otro lado del r\u00edo, vio pasar a su cu\u00f1ado en la canoa. Despu\u00e9s de saludarlo y verlo desaparecer en el horizonte, escuch\u00f3 el canto inconfundible del ave m\u00e1s temida de la selva: el guajoj\u00f3. Con su sonoro y agudo canto irrumpi\u00f3 la quietud y el silencio de la selva, y con esto Rosendo se estremeci\u00f3, qued\u00e1ndose inm\u00f3vil, los o\u00eddos atentos. Apresur\u00f3 el paso e ingres\u00f3 a su casa donde se encontraba su mujer y le dijo:<\/p>\n<p>\u2014Algo malo va a pasar\u2026 Acaba de cantar el guajoj\u00f3 \u2014ambos se miraron, temerosos.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No te salva nadie, voy a matarte! \u2014grit\u00f3 Pedro, al lado del r\u00edo donde estaba su Pahuichi, mientras sacaba el rifle de la canoa.<\/p>\n<p>Ambas mujeres, madre e hija, corrieron y se encerraron en la fr\u00e1gil casita con los ni\u00f1os. Un silencio sepulcral, de invierno, rein\u00f3 en la selva, como si esta misma esperase el desenlace.<\/p>\n<p>Pasaron los minutos y Pedro no daba se\u00f1ales de vida, parec\u00eda que se hab\u00eda arrepentido de sus terribles amenazas. Mar\u00eda, ya menos temerosa, dio de lactar a Pedrito, justo en el momento en que Pedro met\u00eda el rifle entre los chuch\u00edos y apretaba el gatillo de su arma.<\/p>\n<p>El ruido del proyectil reson\u00f3 en la selva virgen como un augurio funesto. Mar\u00eda cay\u00f3 a la cama con un peque\u00f1o orificio en la frente y un gran boquete sangrante pod\u00eda verse en su nuca, que era por donde hab\u00eda salido la bala, mientras las s\u00e1banas se te\u00f1\u00edan de un rojo intenso. La abuela corri\u00f3, desesperada, hasta la puerta y la abri\u00f3, sujetando un palo de escoba, dispuesta a golpear al asesino; pero este descarg\u00f3 el arma en su cuerpo sin misericordia. Un hueco se form\u00f3 en el est\u00f3mago de la infortunada mujer, al momento que ca\u00eda al suelo de rodillas. Carlitos observaba de pie la escena como si se tratase de una horrible pesadilla, se jalaba los cabellos y se daba de pu\u00f1etazos en sus piernas, para despertar. Todo transcurr\u00eda en c\u00e1mara lenta. No pod\u00eda creer lo que estaba sucediendo.<\/p>\n<p>Observ\u00f3 a su madre, que acezaba como un animal. Sus ojos tristes e inm\u00f3viles parec\u00edan observar el vac\u00edo.<br \/>\nEl padre se agach\u00f3 hasta mirar a los ojos de un Carlitos petrificado; toc\u00f3 su cabeza y le dijo:<\/p>\n<p>\u2014Nunca olvides que te quiero. Cuida a tu hermano.<\/p>\n<p>Luego de los ruidos de los disparos, Rosendo vio a Pedro pasar por el r\u00edo. Y le levant\u00f3 la mano.<\/p>\n<p>\u2014Acabo de matar a tu hermana y a tu madre \u2014grit\u00f3 este. Rosendo se qued\u00f3 como de una pieza.<\/p>\n<p>La escena era espeluznante. El peque\u00f1o Carlitos cargaba a Pedrito, mientras observaba a su madre muerta. En el patio, la abuela tampoco ten\u00eda pulso. Hab\u00eda sangre por todos lados. Varios hombres de la comunidad salieron para cazar al asesino y dar fin con su vida.<\/p>\n<p>Hab\u00eda que reportar las tres muertes. Dos comunarios iban al paso del carret\u00f3n, llevando el cad\u00e1ver de Pedro por la carretera hacia Sant\u00edsima Trinidad para presentarlo ante las autoridades, pero el cuerpo cubierto con una s\u00e1bana ensangrentada se levant\u00f3 sorpresivamente y tom\u00f3 del cuello a uno de los hombres.<\/p>\n<p>Los dos pelearon con Pedro, o lo que quedaba de \u00e9l, golpe\u00e1ndolo varias veces en la cabeza hasta \u201cmatarlo de nuevo\u201d.<\/p>\n<p>Hasta ahora, nadie sabe qu\u00e9 sucedi\u00f3 exactamente con Pedro aquella tarde infortunada, en que el guajoj\u00f3 cant\u00f3 en medio del r\u00edo. Algunos atribuyen el hecho a malos esp\u00edritus o demonios que se apoderaron del cuerpo del asesino. Otros contin\u00faan acrecentando el temor popular al escuchar el canto del guajoj\u00f3.<\/p>\n<p>Carlitos, marcado por la pena y la tragedia, vivi\u00f3 a\u00f1os luchando contra aquel odio que lo consum\u00eda y que le obligaba a culpar a la sociedad de todo cuanto hab\u00eda pasado y a su padre por haberlo dejado solo, sin madre ni familia. Culpaba al mundo. Deseaba convertirse en un asesino, un violador, para devolver el mal que le hab\u00eda causado la sociedad a la que nada le importaba. Se retra\u00eda en la escuela. No hablaba. Sufr\u00eda en silencio. Pedrito, su hermano, no pudo vencer el peso de su historia y se dedic\u00f3 a la mala vida, a las drogas y al alcohol. Carlitos sol\u00eda visitarlo en la c\u00e1rcel cuando ya eran j\u00f3venes y le ped\u00eda que cambiara su conducta; pero el coraz\u00f3n de Pedrito era m\u00e1s duro que las piedras de aquel r\u00edo que hab\u00edan abandonado para olvidar su tr\u00e1gica vida.<\/p>\n<p>Hasta que Carlitos, ya mayor, conoci\u00f3 el amor y tuvo dos hermosas hijas, a las que sab\u00eda que jam\u00e1s podr\u00eda da\u00f1ar, porque jur\u00f3 protegerlas con su vida.<\/p>\n<p>Se entreg\u00f3 a Dios. A veces dudaba el haber perdonado realmente a su padre y se preguntaba si creer en un ser invisible fuera lo mejor que hab\u00eda hecho. Un d\u00eda encontr\u00f3 a alguien que, escuchando su historia, se decidi\u00f3 a escribirla, y de paso le dijo aquello que siempre \u00e9l quiso escuchar:<\/p>\n<p>\u2014Si buscar a Dios, te ha dado la paz que tanto buscabas y te ha estabilizado, no dudes, bien hecho est\u00e1. Intenta ser feliz. Perdona y perd\u00f3nate de una vez. No puedes culparte. Solo eras un ni\u00f1o, no pod\u00edas defender a tu madre y a tu abuela de tu propio padre. Cura tus heridas. Vive e intenta con todas tus fuerzas ser feliz. Haz feliz a tu familia. Vive. S\u00e9 agradecido. Al final de cuentas, cada d\u00eda que transcurre es un reto, una lucha y el abrir los ojos a un nuevo d\u00eda, una victoria.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En un pueblo perdido de la Amazon\u00eda beniana, entre la selva y los montes bolivianos, emerge una historia que no quiere morir olvidada; ella cobra vida a trav\u00e9s del tiempo. 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