{"id":57,"date":"2018-06-03T20:25:05","date_gmt":"2018-06-03T20:25:05","guid":{"rendered":"http:\/\/fundacionperiodismo.org\/formacion-dual\/?p=57"},"modified":"2018-10-19T21:01:01","modified_gmt":"2018-10-19T21:01:01","slug":"santa-teresa-y-los-rezos-que-sostienen-el-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fundacionperiodismo.org\/formacion-dual\/2018\/06\/03\/santa-teresa-y-los-rezos-que-sostienen-el-mundo\/","title":{"rendered":"Santa Teresa y los rezos que sostienen el mundo"},"content":{"rendered":"<h3>Mijail Miranda Zapata<\/h3>\n<p>Se quita el sombrero y lo voltea sobre su mano izquierda. Extiende los brazos y en un gesto de reverencia entrega su rostro al cielo. Sus ojos cegados por las cataratas se encienden y miran de cerca, como nadie, el rostro de Dios. Ella es su propia religi\u00f3n, erige su templo sobre su propio cuerpo y se yergue para clamar, una vez m\u00e1s, que todo se lo debe a \u00e9l, su padre, su esposo, su hermano: Dios.<\/p>\n<p>En esa posici\u00f3n, con el cuello hiperextendido, la fascies anhelante en las puertas del cielo y el aplomo de un cham\u00e1n en trance, parece una versi\u00f3n femenina y altipl\u00e1nica del San Jer\u00f3nimo Suplicante de Caravaggio. Una pintura imposible de imaginar a media cuadra de la plaza Espa\u00f1a, en La Paz, Bolivia. Pero ah\u00ed est\u00e1, de pie, a lado de un cajero autom\u00e1tico, recibiendo las monedas que su \u201cPapito\u201d le env\u00eda.<\/p>\n<p>Forma parte de un 10% de la poblaci\u00f3n boliviana condenada a la desidia de los m\u00e1s j\u00f3venes. Seg\u00fan estimaciones del Instituto Nacional de Estad\u00edstica (INE), Bolivia tiene alrededor de un mill\u00f3n de adultos mayores de 60 a\u00f1os, de cuya cifra un poco m\u00e1s de 50% se trata de mujeres. Entre ellas, muchas solitarias y abandonadas. Entre ellas, Teresa, hija de Dios, ungida por Dios.<\/p>\n<p>Como tocada por la gracia divina, en un gesto de consagraci\u00f3n, eleva la voz y dice:<\/p>\n<blockquote><p>\u201ccomo nuestro Se\u00f1or, yo he resucitado\u201d.<\/p><\/blockquote>\n<p>Hace siete a\u00f1os Teresa sufri\u00f3 un accidente del que apenas rememora el lugar. Le contaron que sacaron su cuerpo hecho a\u00f1icos entre ruedas y motores. Ella no lo recuerda. Solo sabe que despert\u00f3 en una cl\u00ednica, despu\u00e9s de haber tocado las puertas del para\u00edso.<\/p>\n<p>De ni\u00f1a vivi\u00f3 en la casa de Pedro Domingo Murillo, en la m\u00edtica calle Ja\u00e9n. A\u00fan conserva en su voz y sus gestos el misterio que seguro sembr\u00f3 en ella ese hogar infantil lleno de leyendas. En ese lugar ca\u00eddo del tiempo, en el silencio de su orfandad, tambi\u00e9n debi\u00f3 incubar la introspecci\u00f3n que ahora le permite comunicarse directamente con Dios, todos los d\u00edas, siempre a las tres de la madrugada.<\/p>\n<p>Como seguramente sucedi\u00f3 a lo largo de su vida, eleva su plegaria en soledad. Ella no se olvida de los enfermos en los hospitales, ni de las personas que le regalan monedas o incluso aquellos que la ignoran. Teresa tiene un cometido m\u00e1s all\u00e1 de nuestro corto entendimiento. Sus rezos sostienen el mundo, postergan la cat\u00e1strofe, aplacan los dolores, curan las enfermedades. A pesar de que la hemos olvidado y despreciado, como a los otros 995 mil ancianos bolivianos, Teresa se mantiene inc\u00f3lume en su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Teresa se acerca a los 80 y a pesar de su cuerpo atravesado violentamente por pr\u00f3tesis de platino y el implacable paso del tiempo, se sostiene firme y orgullosa, apenas abrigada por una delgada chompa de lana y una bufanda corta, como aquellos que han visto a la muerte a los ojos.<\/p>\n<p>No asiste a ninguna iglesia, no lo necesita. Dice que tampoco cree en la ayuda de los canales de televisi\u00f3n o de los Ministerios. \u201cHe andado por todas partes. Me van a disculpar, pero creo que la gente solo pide para ellos mismos\u201d, denuncia, sin rencores, sin odio.<\/p>\n<blockquote><p>\u201cYo solo conf\u00edo en mi papito, \u00e9l me cuida, \u00e9l nunca me abandona, \u00e9l me manda lo que necesito\u201d, repite una y otra vez.<\/p><\/blockquote>\n<p>Pero, a pesar de todo, es afortunada, tiene a Dios de su lado. O al menos eso cree ella. No sucede lo mismo con la mitad de la poblaci\u00f3n de los adultos mayores, que, seg\u00fan un informe del Centro de Orientaci\u00f3n Socio Legal para Adultos Mayores (Coslam), sufre diversos tipos de violencia: desde la falta de atenci\u00f3n familiar, pasando por maltratos f\u00edsicos y psicol\u00f3gicos, hasta el despojo de sus bienes.<\/p>\n<p>Lo que Teresa necesita, a la vista de cualquiera, parece ser poco. Pero, para su cuerpo menguado en fuerzas, mas no en \u00e1nimos, es una haza\u00f1a subsistir en un mundo en el que los viejos, m\u00e1s a\u00fan si son pobres, est\u00e1n solos \u2013como Teresa que nunca tuvo esposo o hijos-, o enfermos, son material de desecho.<\/p>\n<p>Lo sabe bien Teresa. \u201cSolo buscan jovencitos, jovencitas, \u00bfqui\u00e9n va a querer un viejo?\u201d, dice mientras evoca los tiempos en los que era la \u201cespecialista\u201d en cocina de pensiones y restoranes. Lo repite y aclara con orgullo: especialista. Ella ten\u00eda a su mando a una tropa de ayudantes que marchaban seg\u00fan el dictado de su saz\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero estos ya solo son recuerdos con los que no puede pagar la luz, el agua, ni el alquiler de su \u201ctecho\u201d. Por eso espera la colaboraci\u00f3n de los ocasionales transe\u00fantes, seg\u00fan ella, enviados por su pap\u00e1 Dios, con alguna moneda, alg\u00fan caf\u00e9 caliente, alg\u00fan pedazo de pan. Con el dinero que recibe en las calles y su Renta Dignidad, Teresa consigue apenas saldar sus cuentas mes a mes.<\/p>\n<p>A pesar de su edad y sus limitaciones f\u00edsicas, dice que su casero ser\u00eda \u201ccapaz de sacarle hasta los ojos\u201d en alquileres. \u201cAs\u00ed son los due\u00f1os de casa\u201d, se lamenta. Ni pensar en ropa nueva, en una buena comida, en tratamientos m\u00e9dicos.<\/p>\n<p>Al momento de decirlo, Teresa, como 8 de cada 10 ancianos, seg\u00fan reporte de P\u00e1gina Siete, no conoce que existen leyes que la asisten y algunos pocos beneficios de los cuales podr\u00eda gozar.<\/p>\n<p>La Ley 369 General de las Personas Adultas Mayores, la Ley 3791 de la Renta Universal de Vejez, la Ley 1886, que crea un r\u00e9gimen de descuentos y privilegios para el sector, y la Ley 3323 del Seguro de Salud para el Adulto Mayor (SSPAM), son una letan\u00eda burocr\u00e1tica que ella ignora y que quiz\u00e1s poco o nada cambiar\u00edan su vida.<\/p>\n<p>En su soledad, a las tres de la ma\u00f1ana, bajo un techo humilde y paredes descascaradas, ella se mantiene fiel a s\u00ed misma, a su \u201cpap\u00e1 Dios\u201d, y renuncia a las minucias del mundo. Un acto de fe como consuelo a sus miserias. \u201cM\u00e1s que los cristianos, pido por todos\u201d, reivindica su labor sobre esta tierra. Teresa, con sus oraciones, le regala al mundo mucho m\u00e1s que cualquiera de nosotros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mijail Miranda Zapata Se quita el sombrero y lo voltea sobre su mano izquierda. 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