La reciente etapa electoral en Bolivia estuvo marcada por ataques, desinformación y una intensa guerra sucia entre las organizaciones políticas, especialmente en redes sociales. Pero, además de ese clima de confrontación, un grupo de mujeres candidatas debió librar una batalla adicional: se convirtieron en blanco de insultos misóginos destinados a desacreditar su participación política. Entre las palabras más usadas contra ellas figuran “loca”, “amante” y “perra”, según un informe elaborado por la Fundación Internet Bolivia y Monitor A Bolivia.
El estudio, titulado «Locas, Putas y Jairas: radiografía de la violencia política digital contra candidatas en Bolivia» y presentado el 15 de octubre, analizó más de 850 comentarios con expresiones de violencia política digital publicados en YouTube, Facebook y TikTok. El monitoreo se centró en el discurso dirigido a 28 mujeres candidatas —muchas de ellas hoy electas—, incluyendo postulantes a la vicepresidencia, el Senado y la Cámara de Diputados.
Al respecto, Patricia Flores Palacios, magíster en Ciencias Sociales y feminista queer, considera que estos insultos son el reflejo de un sistema misógino y machista que históricamente ha desvalorizado el trabajo y la voz de las mujeres.
La experta explica que este tipo de violencia simbólica busca «devolverlas al ámbito privado y reafirmar los mandatos tradicionales que las confinan al hogar», reproduciendo así el orden patriarcal que las excluye de los espacios de poder y decisión.
Flores sostiene que socializar las normativas vigentes, visibilizar y denunciar cada acto de violencia, y fortalecer redes de apoyo y acompañamiento a las víctimas son acciones fundamentales para transformar el entorno hostil que las mujeres aún enfrentan en la vida pública.
Por su parte, Evelyn Callapino, politóloga, historiadora y activista feminista de Mujer de Plata, señala que el cuerpo y la sexualidad de las mujeres continúan siendo los principales territorios de control del patriarcado.
En una sociedad donde la política se asocia con la masculinidad y el poder, «cada vez que una mujer ocupa ese espacio se la castiga simbólicamente a través de su cuerpo y su imagen», afirma.
Callapino subraya que para revertir estas formas de violencia es indispensable que las organizaciones sociales visibilicen estos patrones, generen información crítica y construyan narrativas que cuestionen el machismo.
«Loca», el insulto más recurrente para atacar a candidatas
Las candidatas que recibieron mayor cantidad de comentarios ofensivos en los espacios monitoreados fueron Eva Copa (101), Mariana Prado (229), Susana Bejarano (33) y Soledad Chapetón (20).
De acuerdo con MonitorA Bolivia, el término «loca» fue el más utilizado (39,1%), seguido de «amante» (11%) y «perra» (10,4%). Los dos últimos, además, presentan una fuerte connotación sexual.
En el siguiente cuadro verás otras palabras usadas en contra de las candidatas o figuras públicas que hicieron noticia en la etapa electoral:

El informe explica que la palabra «loca» se ha utilizado históricamente como una forma de silenciamiento muy vinculada a estereotipos de género. Este término funciona como un mecanismo de descalificación frente a cualquier comportamiento femenino que no se ajuste a los roles asignados socialmente, especialmente cuando se trata de mujeres en la política o en posición de liderazgo.
«Aunque a simple vista pueda parecer inofensiva, su utilización persigue restar valor, desacreditar o desprestigiar las acciones, posturas y discursos de las mujeres en el espacio público», se lee en el informe.
Esta palabra también se emplea en comentarios que buscan ofender a los candidatos hombres, lo que revela el trasfondo de un estereotipo de género y busca añadir una carga denigrante.
«No es la palabra ‘loco’ lo que resulta ofensivo, sino su forma femenina, que busca desde la perspectiva de quién la utiliza añadir una carga denigrante. Esta estrategia proetende humillar al hombre al asociarlo con atributos considerados ‘inferiores’ según normas sociales. En este marco, emplear un término femenino para referirse a un hombre tiene una intención evidente, desprestigiarlo vinculándolo con aquello que la sociedad percibe como débil o humillante», dice el documento.
El reporte señala que el uso de insultos feminizados contra hombres políticos funciona como una estrategia discursiva que reproduce un orden de género jerárquico. Explica que, al asociarlos con lo femenino, considerado en la cultura patriarcal como subordinado y débil, se los deslegitima políticamente y se refuerza la idea de que lo femenino y lo sexualizado ocupan un lugar degradado en la jerarquía del poder.
«Incluso cuando los hombres son el blanco, las mujeres y lo femenino permanecen como el referente negativo que sostiene la agresión», se cuestiona desde el informe.

Sexualización y deslegitimación
Los términos «amante» y «perra» evidencian una estrategia recurrente para desacreditar a las mujeres políticas y centrar la atención en su vida privada en lugar de su acción pública. Mientras los hombres son criticados por su gestión, a las mujeres se las ataca mediante insinuaciones sexuales o afectivas, observa el reporte.
«Se construye socialmente la idea de que su participación depende de vínculos amorosos con hombres, cuestionando su autonomía y capacidad de decisión».
En el caso de «perra», el estudio afirma que esta palabra refuerza estereotipos sexuales que cosifican y degradan a las mujeres, situándolas como subordinadas o disponibles para el deseo masculino. Habitualmente, se emplea para referirse a mujeres consideradas promiscuas y, en ese sentido, se convierte en un recurso para cosificarlas, sexualizarlas, degradarlas y deshumanizarlas, cuestiona el informe.
«En los comentarios analizados se evidencia una representación en la que las mujeres políticas son percibidas como subordinadas o a disposición de los hombres, reforzando la idea de que deben obedecer y actuar conforme a las expectativas masculinas», se lee.
Este primer reporte también hace referencia al término «irrespetuosa», que evidencia cómo ciertos mensajes están dirigidos específicamente hacia mujeres en espacios de visibilidad pública. La mayoría de estos comentarios se dirigieron a entrevistadoras reconocidas, como Cecilia Bellido, María Galindo y Jimena Antelo, figuras públicas que destacan por el carácter crítico de sus entrevistas.
La misoginia como herramienta de poder
Este análisis concluye que la violencia política digital se manifiesta a través de comentarios misóginos, es decir motivados por el odio a las mujeres, que buscan deslegitimarlas y silenciarlas en los espacios de poder. El estudio identifica el uso de estereotipos de género como mecanismos simbólicos de control.
La investigación señala que palabras como «loca» asocian a las mujeres con la irracionalidad y la falta de lógica, descalificando sus opiniones y liderazgo.
Además, advierte que otros términos, como «amante» o «perra«, reducen su participación política a su vida íntima o a su relación con los hombres, negando su autonomía y trasladando el debate público al terreno sexual y privado.
En conjunto, el estudio evidencia que la violencia política digital reproduce las desigualdades de género y consolida el dominio masculino en la esfera pública, utilizando la misoginia como una herramienta de poder para limitar la participación política de las mujeres.
Analistas proponen: visibilizar y educar para transformar
Las expertas Patricia Flores y Evelyn Callapino coinciden en que los ataques hacia mujeres en los espacios públicos no se centran en su trabajo o propuestas, sino en su cuerpo, su moral o su vida privada, y proponen acciones concretas para tratar de desmontar estas narrativas que se instalan en el imaginario social.
Flores explica que los insultos sexualizados reflejan un sistema misógino y machista que históricamente ha desvalorizado el trabajo de las mujeres y que, además, busca devolverlas al espacio privado o al hogar, lugares que el patriarcado les ha asignado durante siglos.
«La presencia femenina en la política o el periodismo subvierte el orden machista, donde la vida pública sigue considerándose ‘territorio masculino’. Si una mujer es joven, indígena, madre, mayor o embarazada, la sospecha social es aún mayor. Lo preocupante es que, mientras no cambie este andamiaje cultural, el ataque siempre irá dirigido a su condición de mujer, no a su profesionalidad, capacidad intelectual o trabajo, sea el campo que sea, más allá de lo doméstico», afirma.
La analista también señala que el uso de la palabra «loca» es un recurso milenario del patriarcado para restar credibilidad a las mujeres que se exponen públicamente.
«Vivimos en una sociedad profundamente machista, racista, clasista y misógina. Romper ese techo implica que la violencia verbal —como llamarlas ‘locas’, ‘histéricas’ o ‘desubicadas’— siga siendo el primer recurso para despojarlas simbólicamente de derecho y legitimidad», cuestiona.
La especialista afirma que Bolivia cuenta con «leyes suficientes», como la propia Constitución Política del Estado, que garantiza la igualdad y la no discriminación; la Ley Nº 348, para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia; la Ley Nº 243 contra el acoso y violencia política hacia las mujeres, además de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer y la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.
Sin embargo, advierte que el problema no radica en la falta de normas, sino en el desconocimiento de los derechos y el incumplimiento de la justicia.
«Hoy, buscar justicia es un calvario para la mayoría de mujeres agredidas…. el sistema judicial —como decía Galeano— es como una serpiente que pica a las más débiles», lamenta.
Para revertir esta situación de violencia, propone tres acciones clave:
- «Primero, dar a conocer la normativa, exigir el cumplimiento de las leyes existentes».
- «Segundo, visibilizar y denunciar cada acto de violencia y construir redes de apoyo para las víctimas».
- «Tercero, educar y formar en igualdad desde todos los niveles de la sociedad, empezando por los servidores públicos y operados de justicia, incluyendo campañas de largo alcance y sostenidas».
«Sin sororidad ni justicia real, el espacio público seguirá siendo hostil para las mujeres», concluye.
Por su parte, Evelyn Callapino advierte que el cuerpo y la sexualidad de las mujeres siguen siendo territorios de control del patriarcado, y que estos ataques buscan deslegitimar sus discursos reduciéndolas a su apariencia o a estereotipos sexuales, invisibilizando sus propuestas. Además, señala que las redes sociales amplifican esta violencia, mostrando el rostro del machismo en la sociedad boliviana.
«En general, la cultura política en Bolivia es bastante básica: no se discuten ideas ni propuestas que respondan a las necesidades de la sociedad, y cuando eres mujer eso se agrava», cuestiona.
Callapino también explica que el uso del término «loca» para insultar a hombres, ocurre porque «en nuestra cultura lo femenino está subordinado y, por lo tanto, se utiliza como insulto».
«Cuando a un hombre se le dice ‘loca’, se le asocia con rasgos de sensibilidad o descontrol, lo que en realidad es una forma de feminizarlo y degradarlo. Es una muestra clara de cómo la misoginia atraviesa toda la sociedad: incluso los ataques entre hombres se construyen desde el desprecio hacia lo femenino. Y muchas veces se disfraza con humor, lo que también contribuye a naturalizar esa subordinación», cuestiona la experta.
Coincide con Flores en que leyes como la Nº 243 y la Nº 348 representan avances importantes, pero su aplicación sigue siendo débil. Añade que es urgente trabajar en la regulación digital y en políticas públicas sostenidas.
«No basta con tener leyes: hay que cumplirlas. El Estado debe fortalecer los mecanismos de denuncia, sanción y reparación, y apostar por políticas públicas sostenidas. La regulación digital es urgente, pero sobre todo necesitamos procesos de despatriarcalización y educación crítica que transformen los imaginarios desde la raíz», enfatiza Callapino.
Aunque reconoce que este tipo de ataques no desaparecerán de inmediato, considera que es posible disputar el sentido común y transformar la cultura política.
Para ello, propone:
- «Desde las organizaciones tenemos la tarea de visibilizar estos patrones de violencia, generar información y narrativas que cuestionen el machismo».
- «El arte, la comunicación y la educación popular son herramientas poderosas para transformar los imaginarios que legitiman la violencia digital y construir espacios más seguros y democráticos para las mujeres».
- «Revertir esto implica construir nuevas formas de poder basadas en la empatía, la diversidad y la justicia. No se trata solo de proteger a las mujeres, sino de democratizar el espacio público para todas las voces».
Finalmente, Callapino recuerda que «la violencia política digital no es solo un problema de redes sociales, sino el reflejo de una estructura que sigue negando el derecho de las mujeres a decidir, opinar y liderar».
Una alcaldesa como sujeto de sexualización y exclusión social
La candidata que recibió mayor cantidad de ataques fue la alcaldesa de El Alto, Eva Copa, quien también postuló a la presidencia por su partido, el Movimiento de Renovación Nacional (Morena). Según el reporte, en este caso se recopilaron y analizaron 101 comentarios en distintas plataformas digitales.
Las expresiones de violencia política digital más frecuentes estuvieron vinculadas a la descalificación, la misoginia, así como al racismo y la discriminación, reflejando la persistencia de estereotipos y prejuicios en el debate político boliviano.
Las palabras más frecuentes asociadas a la candidata fueron: «pasposa», «jaira» (floja), «india», «puta» y «amante».
Según el reporte, estos términos se inscriben en distintas categorías de análisis: desde la misoginia vinculada a estereotipos sexuales, hasta la discriminación por motivos raciales y la descalificación mediante expresiones que buscan socavar la credibilidad, la capacidad intelectual o la imagen de una persona a través de insultos, ridiculizaciones o cuestionamientos de sus competencias.
Estereotipos sexuales y descalificación a una vice presidenciable
Luego de ser presentada como candidata a la vicepresidencia por la Alianza Popular del Movimiento Tercer Sistema (MTS) el 19 de mayo de 2025, Mariana Prado enfrentó rechazo de algunos sectores sociales y fue objeto de ataques en las redes sociales.
El análisis del monitoreo identificó un total de 229 comentarios dirigidos contra la excandidata. De ellos, el 36,4% correspondió a expresiones misóginas, otro 36,4% a descalificación, el 17,6% a racismo y discriminación, y el 5% a ideología.
Los comentarios catalogados dentro de la categoría de misoginia se basaron principalmente en estereotipos sexuales y en la tergiversación de declaraciones realizadas por la candidata durante la campaña.
Entre las frases registradas se encuentran expresiones como «será cariñosa del Estado», «la nena cariñosa del Estado», «ridícula del Estado», «la nena de Evofilo», «cochina ch** c*** de Evo Morales», «Pero sí está está ahí por abrir las piernas al Evo, el Evo ponía de ministra según eran en la cama», «Chota del Evo».
El término «puta» fue el insulto más repetido.
Misoginia y el racismo, lo ataques hacia una candidata de El Alto
En el caso Soledad Chapetón, exalcaldesa de El Alto y ahora senadora electa por la Alianza Unidad, el estudio recolectó 25 comentarios en Facebook y TikTok. La palabra más reiterada en los comentarios fue «jaira», que es también bastante usada para agredir a la alcaldesa Eva Copa.
Otra palabra usada es «vividora», que hace referencia a que ya ha sido alcaldesa y ahora busca continuar en la función pública, explica el reporte.
«Los comentarios recopilados evidencian esta visión reduccionista, niegan a las mujeres políticas el derecho a mostrar otras dimensiones de su vida, disfrutar de su tiempo libre, compartir con amistades o cultivar intereses personales, sin ser cuestionadas ni expuestas. De esta forma, quienes se atreven a visibilizar aspectos más allá de su labor pública son descalificadas, como si su única obligación fuera el trabajo político», señala el informe.
Candidata a senadora por Alianza Popular estigmatizada
Por último, Susana Bejarano, quien en julio oficializó su candidatura como primera senadora por La Paz por la Alianza Popular, fue objeto de comentarios en los que predominó el uso del término «zurda», empleado para referirse a los partidos de izquierda.
«Su uso en este contexto trasciende la mera identificación ideológica, pues funciona como un marcador de estigmatización política, generando polarización y usando la estigmatización para normalizar la violencia política digital», se cuestiona desde el informe.
Asimismo, del 100% de los comentarios recopilados el 50% fue sobre «racismo y discriminación», el 39% a «ideología» dejando el resto a «descalificación» y «misoginia», ambas con el 5,3%.


