Una vez más, las plataformas digitales fueron usadas como escenario de una campaña de desprestigio basada en prejuicios machistas. Un video editado y viralizado con intenciones maliciosas mostró a la diputada Diana Romero en la imagen de la « esposa celosa », y a su cuñada como una mujer “atrevida”. Este suceso evidencia la persistencia de narrativas machistas que recurren a la emocionalidad y los roles de género estereotipados como arma para socavar la imagen y autoridad de las mujeres en el espacio público.
¿Qué sucedió realmente y qué efecto generó esta desinformación? El video que fue verificado por nuestro equipo se construyó sobre una falsedad: la supuesta reacción de Romero ante el efusivo abrazo de una «fan atrevida». La realidad es que la persona en cuestión es Mireya Lara, hermana del vicepresidente Edmand Lara.
El montaje utiliza el afecto familiar —un saludo por la asunción de mando— y lo reviste de una tensión sexual y conyugal ficticia, buscando mostrar la supuesta mirada desconfiada y suspicaz de la diputada, distrayendo así de su labor pública.
El video manipulado también fue editado con textos y narración que alimentan la idea de una narrativa sentimental:
«La esposa del vicepresidente se mostró visiblemente molesta luego de que una mujer se acercara efusivamente a su esposo», señala la voz en el video.
El montaje, además, exagera la supuesta reacción de Romero mediante acercamientos y cortes que no corresponden al orden real de los hechos.
Un enfoque que trivializa el rol político de las mujeres
El video en cuestión se viralizó en TikTok y de allí fue compartido en varias redes sociales, generando cientos de miles de reacciones y comentarios. Si bien, muchos alertar que el contenido es falso, otros refuerzan la idea de un rol asignado a las mujeres: el de «vigilar» o «cuidar» a la pareja ante el «asalto» o el «atrevimiento de otras mujeres».
De este modo, Romero fue reducida a la protagonista de un incidente de «celos», lo que invisibiliza su rol como autoridad electa de la Asamblea Legislativa Plurinacional.
En criterio de Carla Gutiérrez, activista por los derechos de las mujeres y exdirectora del Centro de Promoción de la Mujer Gregoria Apaza, este tipo de contenidos reproduce estereotipos que restan valor a la posición política de las mujeres y las exponen a violencia simbólica y digital.
«Los comentarios que tienen que ver con temas de celos minimizan la posición de Diana Romero como asambleísta, por el hecho que en ese momento acompañaba a su esposo», cuestionó la activista en contacto con Bolivia Verifica.
Gutiérrez también observó que la información se difundió sin contexto ni verificación, lo que contribuyó a reforzar narrativas basadas en prejuicios y estereotipos de género.
«Se ha hecho un comentario sin contexto, sin información, que ha reducido la investidura tanto del vicepresidente como de la diputada a un show por celos (…). Creo que debería cuidarse más, desde el ámbito comunicacional, esta asignación de roles y prejuicios, que minimizan la tarea que ella pueda realizar en la Asamblea», dijo.
Ley 243: una garantía para la participación política de las mujeres
Este caso se enmarca en un patrón recurrente en Bolivia: la difusión de contenidos manipulados que apelan a estereotipos de género para deslegitimar a las mujeres que ocupan espacios de decisión. En este contexto, la Ley 243 contra el Acoso y Violencia Política hacia las Mujeres es una herramienta clave, pues garantiza el ejercicio pleno de sus derechos políticos.
La norma define la violencia política como cualquier acción, conducta o agresión —física, psicológica o sexual— ejercida por una persona o grupo, de manera directa o a través de terceros, contra mujeres candidatas, electas, designadas o en función pública, o contra sus familias.
Estas acciones buscan obstaculizar, restringir o impedir el ejercicio de su cargo, o presionarlas para que actúen en contra de su voluntad en el cumplimiento de sus funciones.
Para la activista Carla Gutiérrez, los medios deben evitar narrativas que reducen a las mujeres a roles domésticos o sentimentales y, en su lugar, poner el foco en sus propuestas legislativas y en su trabajo institucional.
«En general, hay que trabajar mucho el tema comunicacional, pensar que el rol de las mujeres no se limita solamente a roles familiares o a nuestras relaciones sentimentales, sino que pasan del espacio privado al público, en ámbitos donde nosotras podemos hacer ejercicio de espacios políticos, de toma de decisiones, de elaboración de propuestas, que también sería interesante que se visibilice», concluyó la activista por los derechos de las mujeres.
