admin noviembre 29, 2018

La violencia sexual vive en nuestra propia casa

Soyka Pérez Berrios

La violencia sexual en los niños, niñas y adolescentes constituye una experiencia traumática y es un atentado contra su integridad física y psicológica.

La violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes (NNA) es un problema social y de salud pública que afecta a todas las clases sociales, sin distinción alguna.

La violencia se presenta cuando de manera deliberada, con el uso de la fuerza física o el poder, se causa lesiones, daño psicológico, trastornos del desarrollo o privaciones e inclusive la muerte (OMS).

Se define como violencia a la acción u omisión, por cualquier medio, que ocasione privaciones, lesiones, daños, sufrimientos, perjuicios en la salud física, mental, afectiva, sexual, y que afecte al desarrollo e incluso ocasione la muerte de la niña, niño o adolescente. (CNNA-Ley 548).

“En todo el mundo alrededor de 15 millones de niñas adolescentes de entre 15 y 19 años han experimentado relaciones sexuales forzadas en sus vidas; nueve millones fueron víctimas durante el último año”, dice el informe de Naciones Unidas; y la representante de Unicef en Bolivia, Sun-Ah Kim Suh, asegura que si bien no se pueden proyectar esos datos a Bolivia, es claro que la violencia contra la niñez no tiene fronteras.

En Bolivia una de cada tres niñas y adolescentes sufre violencia sexual antes de cumplir los 18 años; lo que convierte al país en el segundo con más víctimas en América Latina, denunció, en marzo de este año, la organización Una Brisa de Esperanza ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Un equipo de abogadas de ese centro especializado en casos de violencia sexual con sede en Cochabamba, viajó hasta Washington para advertir a la comunidad internacional que la legislación vigente en Bolivia”encubre la violencia sexual contra las niñas y adolescentes”.

En La Paz la directora de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia de La Paz, Consuelo Torres, coincidió con esa interpretación con un agravante:“en muchos casos, ese tipo de delitos son propiciados por los padres de la víctima”. Entre los expedientes que procesa esa institución está “el caso de una adolescente de 15 años ‘seducida’ por un médico residente que ‘retribuye’ con regalos costosos y la promesa de comprar un departamento para convivir en un futuro próximo, la complacencia de los padres de la víctima”.

Según Torres, sólo este año en el municipio de La Paz se registraron 48 denuncias por estupro; confirmando que persisten arraigadas prácticas culturales que contribuyen a legitimar la violencia sexual y alientan en los varones la idea de que la afrenta de una violación no será sancionada si contraen matrimonio con la víctima.

En la mayor parte de los casos judicializados las violaciones fueron cometidas por conocidos y familiares que acceden con facilidad a las víctimas y aprovechan la confianza forjada en la convivencia. Se dan en forma progresiva en el contexto de una relación de afecto cimentada previamente por el agresor que luego deviene en manipulación, engaños, amenazas y distintas formas de coerción.

Las víctimas de violencia sexual con frecuencia callan por miedo, culpa, vergüenza. Se sienten impotentes, cómplices, humilladas y estigmatizadas. Pero sobre todo se saben indefensas.

En base a los casos que atiende la Fundación MunasimKullakita , el psicólogo Ariel Ramírez aseguró que el 70% de las víctimas de trata y tráfico vivieron previamente violencia sexual en sus hogares, y todas aseguran que en la calle se sienten mucho más seguras que en sus casas.

De acuerdo al análisis realizado sobre los abusos sexuales a menores dentro del contexto familiar, estos son perpetrados ya sean por los tíos, padrastros o padres biológicos y muchas veces son descubiertos de forma accidental o cuando la víctima decide revelar lo ocurrido, ya sea a otros niños, al profesor, a una persona cercana o cuando se descubre esa conducta sexual casualmente por un familiar.

Llama la atención de que en muchos casos la madre tenía conocimiento del abuso sexual dentro de su familia o de la relación que el padre o padrastro mantenían con la víctima; y se argumenta que es la “elegida y preferida” ya sea por el padre, padrastro o tío, por lo tanto esa niña no puede pedir ayuda a su madre y ambas guardan el secreto por años.

Esto empeora cuando el abuso se da en un contexto de maltrato físico y psicológico hacia la madre por parte de su pareja, por lo tanto para evitar ese sufrimiento la menor acepta ser sacrificada y agredida sexualmente, hasta que llega un momento que ya no puede sostener esta situación por la evidencia y acentuación de los síntomas psicológicos, emocionales y cognitivos que presenta, los cuáles son perceptibles por otras personas de su entorno, que se sienten obligadas a develar su situación.

Respecto al rol que cumple la madre y por qué calla un hecho de esta naturaleza, primero se puede ver que es una persona con un comportamiento pasivo, inmaduro, dependiente en la mayoría de los casos y que no tiene una relación afectiva con la hija.

Realizando entrevistas con estas madres mencionan que también son víctimas de maltrato por parte de sus parejas, y en muchos casos también experimentan un trauma psicológico por vivencias similares a la de su hija abusada, por lo tanto no tiene una respuesta efectiva y de protección a las necesidades de sus hijos.

A esto se suman los mitos y prejuicios sociales asociados al rol materno, en estos casos se ve que la madre también necesita apoyo psicológico para lograr actuar de una manera coherente con las necesidades de sus hijos y fortalecerse como figura protectora.

Ante mencionado flagelo social, el Gobierno Autónomo Departamental de Beni a través del Servicio de Políticas Sociales lleva adelante el Programa de Prevención y Protección contra la violencia sexual en NNA y la implementación del Centro Especializado de Prevención y Atención Terapéutica (CEPAT).

El Centro Especializado de Prevención y Atención Terapéutica (CEPAT) es un servicio público, gratuito y permanente que cumple con dos funciones:

Prevención:El CEPAT desarrolla estrategias de prevención de la violencia sexual, la violencia sexual comercial y trata con fines de explotación sexual. Para ello, coordina con organizaciones no gubernamentales, organizaciones sociales, sistema educativo, Defensorías de la Niñez y Adolescencia y otras instancias municipales. El CEPAT realiza también acciones de información y desarrollo de capacidades de autocuidado con niñas, niños y adolescentes, así como actividades de orientación a padres/madres, familiares, docentes y la comunidad en su conjunto para la protección, reducción de riesgos y, en su caso, para denunciar la violencia sexual ante la Policía o la Defensoría de la Niñez y Adolescencia.

Atención terapéutica: El CEPAT brinda atención terapéutica principalmente a niñas y adolescentes mujeres que han sufrido cualquier tipo de violencia sexual, con el propósito de superar el hecho traumático, recuperarlas emocionalmente y apoyarlas en la construcción de un proyecto de vida resiliente; es decir, con capacidad para superar la experiencia negativa y continuar con sus actividades diarias. El CEPAT realiza atención terapéutica a la niña o adolescente de manera individual así como a sus progenitores y la familia en su conjunto. En caso de que se requiera, el CEPAT también realiza la preparación y acompañamiento a la víctima en los diferentes momentos del proceso judicial, a fin de precautelar su integridad emocional.

Los CEPAT contribuyen a implementar el Programa Integral de Lucha Contra la Violencia Sexual a niñas, niños y adolescentes, elaborado por el Viceministerio de Igualdad de Oportunidades, en el marco de la Ley 548 Código Niña, Niño y Adolescente y garantizar el ejercicio del derecho a la integridad sexual de las niñas, niños y adolescentes. Además, incrementar el número de niñas, niños y adolescentes que han recibido atención psicoterapéutica, es uno de sus objetivos.

Finalmente, nos referimos a los efectos y consecuencias de la violencia sexual en los niños, niñas y adolescentes, que constituye una experiencia traumática en la vida de éstos y es un atentado contra su integridad física y psicológica pues afecta su desarrollo integral, así como su comportamiento sexual en la vida adulta. Las consecuencias psicoemocionales y secuelas en niñas, niños y adolescentes son extremas y requieren apoyo psicoterapéutico, tanto para la víctima como para su familia, con la finalidad de que logren sobreponerse a la violencia y evitar secuelas en la vida adulta.

La sanción al agresor o agresores también contribuye a la reparación del daño, para lo cual es fundamental el acceso a servicios como la Fiscalía Especializada para Víctimas de Atención Prioritaria (FEVAP), la Policía Boliviana o las Defensorías de la Niñez y Adolescencia (DNA) quienes deberán evitar la re victimización (volver a dañar a la víctima) y asegurar que ningún caso quede impune o sin la sanción que corresponda. Aunque la víctima haya abandonado el caso.